|
12/06/2008 - Nº 62 - Sin convenio / 2 |
|
|
Tal y como estaba previsto, la reunión de convenio celebrada el pasado jueves se
desarrolló sin ninguna novedad -es decir, las posiciones de ambas partes se
mantuvieron sin variación alguna-. Así las cosas, el Banco hizo oficial lo que ya
había anunciado en una reunión anterior: suspendió las reuniones, emplazando
a la parte social a realizar algún nuevo movimiento si quiere que la negociación se
reanude.
Nada de esto nos pilla a ninguno por sorpresa. El Banco está manejando a su
antojo los ritmos y los contenidos de la negociación, y la respuesta que se le ha
dado hasta ahora conduce exactamente al punto donde nos encontramos hoy. Lo que
toca plantearse en este momento es: ¿y ahora, qué?
Como ya hemos dicho en ocasiones anteriores, el inmovilismo y la inacción que el
SAT ha venido defendiendo no llevan a ninguna parte. No hay planteamientos
negociadores verosímiles por su parte: sólo grandes palabras que no van más allá de
los enunciados, y poca materia por detrás.
Naturalmente, sin concretar cuál es el objetivo a lograr ni cuáles son los medios para
alcanzarlo, no se puede ni pensar en recabar el apoyo de la plantilla a unas
hipotéticas medidas de fuerza. Por lo tanto, siguiendo esta lógica, sólo nos queda
esperar y dejar correr el tiempo, a ver si pasa algo que obligue al Banco a venir y
suplicarnos que negociemos el convenio.
Como no parece que las probabilidades de que esto ocurra sean muchas, hay que
plantear otras opciones. Y si lo que se pretende es llegar, en un plazo más o menos
largo, a la firma de un convenio, hay que hacer un nuevo planteamiento
negociador. Que puede ser tan ambicioso como se quiera, pero que tiene que ser
real, y tiene que estar pensado para obligar al Banco a negociar. Y además, debe
concitar el suficiente respaldo entre los trabajadores como para poder articular
medidas de presión colectiva en torno a esos postulados.
El SAT, ejerciendo la responsabilidad que le otorgaron las urnas, es quien
debería dar ese paso. Si no es así, esperamos que nos presenten cualquier otra
alternativa viable a la parálisis de la negociación; pero, eso sí, una alternativa que no
sea la de esperar y ver, porque esa, ya sabemos a dónde nos lleva.
|