 Sección Sindical del Banco de España |
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04/06/2008 - Nº 61 - Sin convenio |
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Ante la situación actual de la negociación colectiva, y a la vista de la más que evidente
incapacidad de los cabecillas del Sindicato Autónomo para hacer política sindical sin recurrir a
las mentiras y a las manipulaciones, CC.OO. quiere hacer llegar a los trabajadores del Banco
su valoración de la situación actual de la negociación colectiva.
Habrá quien no se lo crea, pero el caso es que llevamos desde el mes de enero manteniendo
un ritmo regular de reuniones de convenio a razón de dos por semana. Pues bien, el balance
a estas alturas de dichas reuniones es equiparable a cero: no ha habido ningún tipo de
avance, y nadie mínimamente realista puede decir que en estos momentos nos encontramos
más cerca de la conclusión de las negociaciones de lo que lo estábamos en el mes de enero.
Desde el punto de vista del convenio, estos cinco meses no han servido absolutamente para
nada.
El Banco tiene una gran parte de responsabilidad en esta situación. Su negativa a
abordar los grandes capítulos de las relaciones laborales, con la excusa de su excesiva
complejidad o de la dificultad de alcanzar un acuerdo, nos condena a una negociación de
bajos vuelos, limitada a la actualización salarial y poco más. A la vez, Recursos Humanos va
dando pasos en dirección a una progresiva desregulación de las condiciones laborales, sobre
todo en dos temas muy concretos: el horario y la clasificación profesional.
Lamentablemente, la respuesta sindical a este panorama ha sido la menos adecuada de
las posibles. Y aquí, la reponsabilidad recae fundamentalmente en el Sindicato
Autónomo, que con cinco representantes de un total de doce disfruta de una holgada
posición para impulsar la línea de política sindical que considere conveniente. El problema de
los actuales cabecillas del SAT es que no tienen ni idea de qué hacer con esa mayoría, y así
ha pasado lo que ha pasado.
En efecto, al inmovilismo protagonizado por RR.HH. se ha respondido con la pasividad
y la mansedumbre que el SAT lleva demostrando durante los últimos tiempos. Bajo el
disfraz de una retórica combativa que es pura cáscara y que por eso suena hueca y oxidada,
la realidad es que el SAT no ha hecho nada para forzar al Banco a cambiar de rumbo. Su
política sindical se ha reducido a prolongar indefinidamente las reuniones de convenio con el
único fin de que duren todo el tiempo que sea posible. No se ha mantenido abierta la
negociación para poder lanzar nuevas propuestas que obligaran al Banco a cambiar de
postura, sino todo lo contrario: a estas alturas, aún se le sigue dando vueltas a la plataforma
presentada al Banco ¡en enero!
Con todo, tras el congreso que el Sindicato Autónomo celebró el puente de mayo, aparecieron
síntomas de cambio. El SAT publicó un comunicado titulado “Un convenio posible”, en el que
apuntaba una nueva propuesta negociadora para avanzar hacia una solución de convenio. En
la Asamblea de Delegados celebrada a finales de mes, el secretario general del SAT insistió
en esa nueva línea. Se llegó a una postura consensuada por todos los sindicatos para
transmitir directamente a RR.HH. la voluntad de avanzar en la negociación y la exigencia de
que el Banco se mostrara a la altura de las circunstancias. Y tras la celebración de esa
entrevista (en la que el tono afable y el discurso constructivo del representante del SAT fueron
cálidamente acogidos por los representantes del Banco), los sindicatos acordamos aplazar las
reuniones de convenio para elaborar una nueva propuesta con la que encarar una nueva, y
necesaria, fase de la negociación.
La reunión en la que debíamos elaborar dicha nueva propuesta tuvo lugar el jueves de la
pasada semana, y en ella el debate se planteó en unos términos muy claros: o luchamos por
introducir en el convenio contenidos de calado – y en ese caso había de plantearse, desde ya,
una estrategia a largo plazo de presión y negociación-, o negociamos un convenio factible y
rápido a un año.
En estas circunstancias, ¿cuál fue la opción que eligió el SAT? Ninguna de las dos: nada de ir
a la confrontación, pero tampoco negociar el convenio. En concreto: seguir celebrando
reuniones e insistir al Banco en que ceda alguno de los puntos que se le plantean (la
negociación reducida a un patético “dame argo”).
Los demás sindicatos valoramos la estrategia que el SAT proponía como irreal, inmovilista y
condenada de antemano al fracaso. Y en ese momento, los representantes del SAT
declararon solemnemente que se habían quedado en minoría y que ya no se veían en
condiciones de liderar la parte social. La continuación de la historia ya es conocida: dos
panfletos del SAT en los que se tergiversan los hechos y se anuncia a todo volumen que el
sindicato mayoritario pasa de todo.
Sintetizando, estamos a primeros de junio y tenemos al SAT dimitido de sus
responsabilidades; el convenio, embarrancado; los trabajadores, perdiendo poder
adquisitivo (todo el que va entre la tasa de inflación y el cero por ciento de subida salarial
que propugna el SAT como método infalible para resolver el problema); y el Banco,
campando por sus respetos, ya que la única oposición que se le plantea es... no firmar
el convenio. ¡Tiembla, Banco de España!
Lo malo de esto es que es más de lo mismo: la política del SAT lleva muchos años siendo de
esta manera. Ocurre que antes disimulaban mejor; mientras que esta vez su maniobra ha
quedado meridianamente clara. Han roto unilateralmente y de manera definitiva cualquier
posibilidad de frente común; se han autoexcluido a la primera oportunidad de cualquier
posible negociación de convenio; y lo que es peor, están rompiendo los puentes para que
no se pueda recomponer la situación en los próximos dos años –los que faltan para las
elecciones sindicales, que es lo que realmente el SAT tiene en el horizonte-. Porque cada día
está más claro que, para el SAT, el enemigo de verdad no es el Banco, sino cualquier
otro sindicato que le pueda hacer sombra.
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